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El Caleuche PDF Print E-mail
 
En el Sur de Chile, donde el mapa pinta, con mancha redondeada a Chiloé y su séquito de islas, y más abajo, hasta donde salta el suelo firme de la Patagonia, las aguas son casi todo y la tierra muy poca cosa. Corren no lejos unos ríos grandes que se llaman Bueno y el Maullín, y el mar hace antojo desmenuzando la cordillera, dando archipiélagos que no se cuentan y tajando península y fiordos. Los espíritus del agua son más que los terrestres y ponen en jaque a chilotes y patagones.

Cuando la noche se cierra completamente como un arca, y se hace tan larga que parece no querer acabar nunca; los viejos y los niños chilotes, o ambos, en torno, cuentan todo lo bien que saben contar viejos y niños la historia " de veras " del Caleuche, Buque de Artes" (*).

El Caleuche es un barco pirata, es decir, un forajido del agua noble, que para cumplir mejor sus aventuras corre millas por debajo de ella, tan escondido que en semanas y meses se le pierden las trazas y parece que ya se ha muerto o ha dejado por otro el mar de los chilotes. El mar ha pactado con él desde todo tiempo y le cumple el convenio de esconderle al igual de sus madréporas y sus últimos peces de pesadilla.

Pero de pronto, en la noche más sola aquéllas del Sur, el Caleuche saca entero su cuerpo de ballena y corre un buen trecho a ojos vistas, navegando a toda máquina (que las tendrá ), casi volando, sin que pueda darle alcance ni barco ballenero ni pobrecita lancha pescadora a los que se les ocurra seguirlo.

Aquello que corre, a la vista de los pescadores locos de miedo, es un cuerpo fosforescente, de proa a popa, sin velas, que de nada le servirían, cuya cubierta pulula de demonios del mar y una tribu de brujos asimilados a ellos. Y el todo, aperos y equipaje, ofrece un aire de festival o de kermesse, arrancada a la costa y que va por el mar corriendo a una cita para solemnidad aún mayor.

El motor que lo lleva a velocidad del delfín no hay por dónde se le rompa ni el estalle, como que no lo mueven petróleo o alcoholes, y habrá salido de la forja submarina y e los metales del mar, y lo conduce "el Arte", ejercida por un alto comando de hechicería oceánica.

Acérquense un poco los perseguidores de la presa "alumbrada" y antes de que ojeen y cacen el secreto, el palacio ardiendo del Caleuche se para en seco, se apaga como un gran tizón y deja un troncazo muerto, oscura pavesa que flota a la deriva de las olas y chasquea a los que ya pintaban victoria.

El Caleuche puede ser criatura viva por sí misma y puede ser industria suma de los demonios hecha con oro del mar, y cáñamos del mar, y azafres del mar, que lo convierten en organismo o fábrica de fuego.

El Caleuche no se puede decir exactamente, por no parecerse a otra cosa que ... al Caleuche. Puestos en el aprieto de definirlo, tartamudeamos negaciones. No es una ballena, aunque se le parezca en su maña para voltear las barcas de pesca, y "no" es un buque aunque así lo digan sin otra razón que la de navegar válidamente y siempre.

El Caleuche lleva consigo, pues, la tripulación que dijimos, de demonios luminosos y de brujos " de gran arte". De los demonios no se sabe otra cosa que su índole contraangeles; de los brujos se sabe que llevan la cara vuelta hacia la espalda y la pierna izquierda torcida contra la cara y además encogida; caminan la cubierta saltando sobre un pie y son esperpentos para toda la vida.


El Mercurio, 20 de Septiembre de 1936, Santiago de Chile.
( "Un mito americano: "El Caleuche", de Chile" Pág. 175 - 176 en "Recados....")